Miguel Mora Porras

Academia Morista Costarricense

Sr. D. Mauricio Ortiz Ortiz 

Mauricio ORTIZ ORTIZ

Educado en Huntington North High School Indiana USA, se especializó en Tecnología petrolera en Colorado Northwestern Community College USA. Es Ingeniero Industrial por la Universidad Autónoma de Centroamérica y egresado de Comercio Internacional de la Universidad Internacional de Las Américas.
Ha sido Doble Medallista de Baloncesto en los Juegos Centroamericanos de Guatemala y Honduras y durante los últimos 30 años, Presidente de Appa World, empresa dedicada al transporte aéreo, marítimo, terrestre y logística internacional.
Fue Presidente de la Asociación Panamericana de Transportes y Reubicaciones Internacionales, Presidente de la Cámara de Comercio Brasil-Costa Rica y Vicepresidente de la Cámara de Comercio Colombia-Costa Rica.
En el sector público nacional, ha sido Asesor del Ministro de Energía y Minas y de la Ministra del Deporte Vicepresidente del Estadio Nacional, Miembro de la Junta Directiva del Banco de Costa Rica-Valores, Miembro de la Junta Directiva de Recope y actualmente Embajador de Costa Rica ante la República de Canadá.
Es Miembro Fundador de la Academia Morista Costarricense y productor de los Documentales El Héroe Olvidado, La Trinidad- Antología y del Libro Crónicas Periodísticas de la Campaña Nacional 1855-1860.

Mauricio Ortiz Ortiz
Mauricio Ortiz Ortiz -Trinidad

Discurso de posesión de silla

DISCURSO 

La Trinidad: mil años de historia

pronunciado por Mauricio Ortiz Ortiz ante la

 

ACADEMIA MORISTA COSTARRICENSE

 

el día 24 de julio del 2019 

 

Logo Academia Morista Costarricense

  

 

Costa Rica

 

 2019 

pronunciado en el Museo del Jade

 

Señoras y Señores Académicoss 

Ubicada en la desembocadura del Río Sarapiquí con el Río San Juan, “La Trinidad “debe su nombre al militar nicaragüense General José Trinidad Muñoz, quien fue derrotado por los ingleses el 12 de febrero de 1848.

Durante varios siglos ha sido visitada y ocupada en forma casi permanente por colonos y fue testigo de la llegada de migrantes europeos desde 1830 y de norteamericanos al utilizar la Ruta del Tránsito desde 1849, con destino a California al encuentro con las minas de oro. 

Sin embargo, a medida que la Ruta del Tránsito se volvía más visitada por los extranjeros que estaban de paso, el lugar fue reconocido más como el Hipp’s Point o Punto Hipp, por el nombre de un joven alemán-norteamericano que vendía leña y whisky a la compañía de vapores The Accesory Transit Company – Compañía Accesoria al Tránsito. 

Esta ruta también servía para el ingreso hacia Costa Rica por el viejo camino de Sarapiquí. Algunos viajeros describieron el lugar como un “puerto” con unos ranchos o cabañas abiertas con paredes de caña perforada y techos de hojas secas de palmeras.  Al frente, en la margen derecha, se encontraba una propiedad que pertenecía al comerciante Francisco Alvarado quien tenía una posada usualmente abandonada, lugar conocido como Punto Alvarado.

Fue un punto estratégico que facilitó el proceso de comunicación entre la Costa Rica de ese momento con el resto del mundo, permitiendo el acceso al mar Caribe hacia el interior del país mediante la navegación de los ríos San Juan y Sarapiquí.

A inicios de 1848 el nicaragüense José Trinidad Muñoz ,General de las Armas de Nicaragua ocupa el sitio histórico que hoy lleva su nombre, planea un ataque a San Juan del Norte y encarga al Capitán Salas y sus tropas retomarlo de la ocupación Mosquita e Inglesa, logrando su objetivo. Nicaragua reestablece el control de San Juan del Norte en enero de 1848.

Semanas más tarde los ingleses dirigidos por el Capitán Graville G. Loch llegan  a San Juan del Norte en el Buque Alarm  ocupan  este importante Puerto y avanzan  hacia La Trinidad. El 12  de Febrero de 1848 atacan a las fuerzas nicaragüenses quienes se encontraban atrincheradas en ese sitio. Después del combate,  en su huida muchos Nicaragüenses se refugian en Muelle de Sarapiquí y el Gobierno de Costa Rica les brinda alimentación y vestimentas,  Loch y sus militares entierran en el sitio de batalla a diez  nicaragüenses fallecidos y  avanzan hacia San Carlos de Nicaragua.  El 7 de Marzo de 1848 se firma el tratado de las cien islas obligando a Nicaragua a devolver los prisioneros y a respetar la bandera Mosquita tan vinculada con la Inglesa. Ese mismo año Inglaterra cambia el nombre de San Juan del Norte a Greytown en honor al Gobernador de Jamaica. 

La Trinidad fue 8 años más tarde el escenario donde se libraron dos de las más cruentas batallas entre el ejército costarricense y la falange filibustera de William Walker.

Debido a la importancia histórica del sitio en el año 2016, decidí asumir retos diversos y complejos propiciando y apoyando el inicio de una investigación arqueológica relacionada a los eventos militares ocurridos en La Trinidad de Sarapiquí durante la Campaña Nacional de 1856 y los primeros meses de 1857.  Este esfuerzo, complementa los propósitos que guían y promueve la Academia Morista Costarricense.

La naturaleza del estudio requería conformar y coordinar un equipo interdisciplinario con la participación de arqueólogos, geofísicos, historiadores y empresarios. 

El principal reto, fue ubicar el área donde se gestó la batalla de La Trinidad con el objeto de que sirviera como punto de partida para intentar recuperar la evidencia directa desde el mismo escenario de los hechos bélicos.

El reconocimiento de la zona de estudio, conocida por los lugareños como: Boca de la Trinidad, se realizó en el mes de setiembre del 2016 navegando por el río Sarapiquí.  El terreno se hallaba cubierto por árboles y una exuberante vegetación que limitaban completamente la visibilidad, por lo que era imperativo, despejar la zona para iniciar la investigación histórica. 

La investigación se dividió en etapas, apoyadas en las técnicas arqueológicas y la revisión de las fuentes históricas.  Se limitó una zona de más de 8.000 m2 donde se consideraba que pudieron desarrollarse la mayor parte de los enfrentamientos bélicos. 

En sucesivas visitas de campo y con la ayuda de hasta 10 trabajadores, se limpió el terreno dejando al descubierto vestigios de recientes ocupaciones humanas, como una loza de concreto de un pozo de agua que, según los informantes locales, fue construido en la década de 1970 por el Ministerio de Educación Pública.  Además, se localizaron las basas de madera de la antigua escuela La Trinidad, que también se utilizaba como capilla religiosa y puesto policial para la Fuerza Pública, quienes construyeron varias trincheras para resguardarse en caso de ataques debido a los conflictos políticos de Nicaragua a finales de la década de los 1970 y principios de los 80’. 

El objetivo principal seguía siendo obtener evidencia material de la Batalla de La Trinidad, como armamentos, municiones o cualquier otro tipo de implementos de hierro, plomo o bronce, utilizadas normalmente como parte de los pertrechos militares; de igual importancia sería localizar los restos de los aproximadamente 22 soldados entre costarricenses y filibusteros, según fuentes históricas, fueron enterrados en las dos batallas que ocurrieron en ese punto. 

La magnitud de esta investigación requería de tecnología específica para el estudio y análisis de la geología del terreno, por lo que se recurrió al uso de Geo- Radares (GPR) y otros equipos a cargo de profesionales con vasta experiencia de la Universidad de Costa Rica , dirigidos por el Master Mario Arias y el Instituto Costarricense de Electricidad a cargo del Master Waldo Taylor, instituciones que contribuyen permanentemente al desarrollo del país. 

El invaluable aporte del primer estudio abrió las puertas a nuevas interrogantes y se procedió a un segundo escaneo del terreno, con el fin de complementar y ampliar la investigación. 

El primer paso de las operaciones de campo, correspondió a tareas de prospección y recolección de evidencia en la superficie. Se localizaron objetos de uso reciente como: plástico, monedas, vidrio y casquillos de municiones de la década de 1980. 

Estos hallazgos, distaban abismalmente de la época que se dieron los acontecimientos bélicos en La Trinidad, hasta que, unos clavos de hierro del siglo XIX, una bala Minié, que podría estar vinculada a un rifle inglés Enfield Pattern 1851 y otro proyectil asociado posiblemente a un Revólver Colt Walker o a un Colt Pocket, ambos del año 1849 de procedencia anglosajona, fueron las evidencias que nos motivaron, aún más, para profundizar la investigación. 

En total se realizaron 149 excavaciones que permitieron localizar numerosos artefactos y datos significativos ligados directamente a la época y al contexto del estudio. La investigación arqueológica logró verificar la presencia de numerosos y diversos restos culturales, asociados directamente a los hechos descritos por Máximo Blanco y al historiador Antonio Rafael de la Cova, para citar dos de las fuentes más solventes que narran de primera mano, los acontecimientos ocurridos a finales de 1856 y durante los primeros meses de 1857.

El trabajo ha sido minucioso, recobrando a la fecha un número significativo de objetos, como municiones de guerra, balas Minié de distintas dimensiones y perdigones utilizados en rifles y mosquetes que pertenecían, sin lugar a duda, a los armamentos de guerra utilizados en la Batalla de La Trinidad.

De igual manera, se identificaron fragmentos metálicos muy deteriorados, que probablemente eran partes de cañones de rifles o fusiles, cadenas, botones y hebillas de bronce, clavos y algunos otros, que podrían haber pertenecido a objetos de carácter personal como: medallas, relicarios, bisagras de baúl, e inclusive una diversidad de envases de vidrios para implementos médicos, alimentos o licor. Otra línea de información significativa fueron los vestigios de loza y porcelana, su análisis corroboró su uso desde 1840. 

La comprensión de la distribución espacial de todo vestigio cultural vinculado a la Batalla de La Trinidad y los eventos bélicos de principios de 1857 han permitido complementar y enriquecer las fuentes documentales existentes.  Sin embargo, el terreno comenzó a revelar otros secretos de una historia aún más profunda en el tiempo.

Durante el proceso de investigación histórica, se localizaron y ubicaron un total de 35 fragmentos de cerámica monocroma con engobe rojizo, sin evidencia de otros elementos decorativos, como pintura, incisiones o pastillaje, que datan aproximadamente de 900 años después de Cristo, material que no fue recolectado.

Estos restos correspondían probablemente a sociedades agrícolas, conocedoras de las técnicas alfareras, orientadas a la subsistencia de recursos ribereños, lacustres y marinos con conocimientos de navegación, técnicas de pesca y cacería. 

Como no se encontraron evidencias de construcciones permanentes, se podría deducir que sus viviendas eran perecederas, debido al uso de la madera y el bejuco como estructura, y techadas con hojas de palma.

El segundo momento de ocupación brindó información de los siglos XVI al XVIII que corresponde a la época colonial y con pocas referencias que aporten sustancialmente los movimientos y características de las poblaciones de esta zona. 

De este largo periodo se registran pocas evidencias materiales, solo fragmentos de cerámica muy tosca, sin pintura y decoración, conocidas como “cerámica criolla” o cerámica indohispánica que tiene su origen en el contacto entre indígenas y españoles. Estas vajillas de barro eran utilizadas principalmente para almacenar agua, cocinar o almacenar alimentos.

Estas vajillas son carentes de presencia estética, debido a que los españoles, obligaban a los indígenas a dejar sus tradiciones alfareras.

Mientras ese espacio era ocupado ocasionalmente por la población nativa en 1665, la Corona Española estaba ocupada en trazar nuevas rutas de comunicación y fortalecer la ruta del desaguadero o Río San Juan para afianzar su dominio y establecer un puesto de vigilancia en lo que hoy es la Boca de La Trinidad y articularlo con el Castillo de la Inmaculada Concepción  construido en 1675 para así controlar y evitar  el acceso, fundamentalmente de piratas como Henry Morgan, Gallardito  y William Dampier y así facilitar el dominio del territorio.

La investigación permitió localizar un pequeño tintero de vidrio transparente con un ligero tono verde, fabricado en Inglaterra por P y J Arnold, quien lo funda en 1814 y lo produce a partir de 1830; el fabricante además elaboraba la tinta azul-negra, muy conocida en la época. 

Otro hallazgo similar, corresponde a una botella transparente fabricada entre los años 1830 y 1834 por la empresa norteamericana John Robinson and Son y posteriormente fabricada por T. y J. Robinson. Ambos objetos son testimonio cultural de las periódicas visitas que posiblemente viajeros estadounidenses y europeos realizaban por la zona, deteniéndose en este punto en algún momento de la década de 1830.

Otros vestigios de loza y porcelana y envases de vidrio asociados al consumo de bebidas, licores, medicinas, productos para el cabello, fragancias y vajillas, evidencian una continuidad de ocupación humana previo a los hechos bélicos de 1856. Durante la década de 1850, se encuentran relatos de viajeros que ingresaron a Costa Rica siguiendo la vereda que descubre en 1820 Joaquín Mora Fernández quinto Jefe de Estado de Costa Rica, hermano de Juan Mora Fernández quien fue primer Jefe de Estado, información que complementa y enriquece la presencia de una buena cantidad de objetos. 

El comercio de mercancías de origen europeo era muy común en esta época ya que también se localizaron fragmentos de lozas inglesas o irlandesas como la Spongeware de mediados del Siglo XIX, o la White Warede procendencia inglesa o norteamericana fechada a partir del 1840 en adelante, y un plato Faiencerie, elaborado en Francia por la empresa Gien Manuefacters-Thomas Hulm y producida entre los años 1871 y 1875, y otro fragmento perteneciente a un plato fabricado en Inglaterra por W.H. Grindley and Company, con la denominación Royal Iron Stone China, fabricado entre los años 1891 y 1925.

Estas evidencias al igual que otras, datan desde 1840 hasta finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, y estaban reservadas para una sociedad que dispusiera de los medios económicos para su adquisición. 

Al cierre del siglo pasado, los testimonios son más visibles como las basas de la antigua construcción destinada para educar a la población infantil de la zona, durante las décadas de los años 1960 y 1970; así como la base de cemento del pozo de agua construida por el Ministerio de Educación Pública.

Los rastros de antiguas trincheras y numerosos casquillos de balas de diferente calibre, recuerdan la situación de frontera producto de los conflictos bélicos y sociales de Nicaragua a finales de los años 1970 y principios de los 80. 

Es importante indicar que el reconocimiento arqueológico ha logrado confirmar o descartar muchas de las posibles evidencias reportadas por el Master Mario Arias Salguero y el Master en Ciencias Waldo Taylor Castillo, que en algunos casos sí coincidieron con presencia de implementos de hierro.  En este sentido, no se descarta continuar valorando en futuras etapas del proyecto los datos y la interpretación geofísica que ambos investigadores brindaron así como realizar estudios más específicos orientados a descubrir los probables restos óseos de los soldados enterrados en la Trinidad.

Se registraron 1315 objetos históricos hallados en contexto, confirmando que mil años de historia subyacen en el espacio que hoy identificamos como la Boca de La Trinidad, lugar de paso de las sociedades indígenas, de los primeros contactos durante la Colonia, sitio de encuentro de viajeros que iban contagiados por la fiebre del oro hacia California y de los invasores con ideas esclavistas que siempre encontraron la resistencia de los que luchaban por la soberanía y la libertad. 

En el marco del proyecto de investigación histórico, hemos fortalecido el vínculo con la dirección del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría con el propósito de apoyar las acciones de divulgación y concientización que coordina esta institución junto al Ministerio de Cultura y Juventud y la dirección regional del Ministerio de Educación, en la zona de Sarapiquí aportando los principales resultados de este estudio.

Finalmente deseo comentarles que realizamos dos acciones de responsabilidad social y como aporte a las comunidades cercanas 

La donación de más de 200 libros didácticos nuevos a tres escuelas de la Trinidad, libros cortesía de la empresa Eduvisión agradecemos al Sr Carlos Quirós , a su hija Melissa Quirós y a la Sra Lydia Marín y la donación de un teléfono inalámbrico y libros históricos a la estación policial de Boca de Sarapiquí.