Miguel Mora Porras

Academia Morista Costarricense

La campaña de 1856 se encuentra con la epidemia del cólera

Dr. Pedro Goyenaga Hernández

En noviembre de 1855, pocos meses antes de emprender la Campaña de 1856, el presidente Juan Rafael Mora se refirió a William Walker y a su ejército de filibusteros con gran precisión: “Una gavilla de advenedizos, escoria de todos los pueblos, condenados por la justicia de la Unión Americana, no encontrando ya dónde hoy están con qué saciar su voracidad, proyectan invadir a Costa Rica para buscar en nuestras esposas e hijas, en nuestras casas y haciendas, goces a sus feroces pasiones, alimento a su desenfrenada codicia…¨ La Campaña de 1856 fue una verdadera guerra de independencia de Centro América, en la que Costa Rica combatió prácticamente sola. Durante los primeros meses de la guerra, careció de ayuda significativa  por parte de los demás países de la región y, a la vez,  tuvo que enfrentar, de forma inesperada,  un silencioso y letal aliado del enemigo: la peste del cólera morbus.  La enfermedad causó más bajas en nuestras fuerzas armadas y en la población civil que los filibusteros invasores. Es también durante esta gesta que la medicina en Costa Rica empieza a presentar una transformación súbita, acelerada y de gran trascendencia, ya que la mayoría de los pocos médicos que existían en nuestro país se pusieron voluntariamente al servicio del ejército nacional.                                             

Pocos pueblos han sufrido en el continente americano el azote de la guerra civil con el rigor que golpeó a Nicaragua en el siglo XIX. Su origen se ubica en dos centros de población a raíz de los problemas que siguieron en Centro América tras la proclamación de la independencia: León se separó de Guatemala mientras que Granada y otros pueblos permanecieron unidos a la antigua metrópoli. En noviembre de 1824 se constituyó la República Federal de las Provincias Unidas de Centro América pero ya antes, en abril, había estallado en Nicaragua la sangrienta lucha local. Nicaragua siguió afligida por sus dolorosas contiendas internas hasta que, en 1854 , Francisco Castellón, cabeza del Partido Leonés, llamado democrático, hizo venir a William Walker, quien al final se alzó con el poder del ejército y de Nicaragua entera.

El cólera no se presentó por primera vez en Nicaragua y la región centroamericana durante la guerra de 1856.  Había penetrado antes por el norte de la región, siguiendo la costa atlántica desde Norteamérica y el golfo de México, ingresando a Guatemala con brotes muy bien documentados en su trayecto. Durante los años previos a la Batalla de Rivas, Costa Rica estaba rodeada por dos rutas de contagio: al norte por la Vía del Tránsito del río San Juan, por donde pasaban viajeros infectados, camino a California. Y al sur  por Panamá, donde se construía desde 1850 el ferrocarril interoceánico, cuya apertura tuvo lugar el 28 de enero de 1855. Se estima que más de 12.000 personas murieron durante la construcción del ferrocarril, primordialmente a causa de enfermedades como la malaria, la fiebre amarilla y el cólera. La compañía del ferrocarril de Panamá no reveló datos oficiales y en consecuencia, por tratarse de obreros extranjeros muchas veces indocumentados, el total de muertos puede haber sido mayor. Para quienes tenían las conexiones adecuadas, la eliminación de estos cadáveres resultó un buen negocio: las escuelas de medicina los demandaban para sus prácticas.

 La historia registrada del cólera es relativamente breve y notable. Aunque los médicos griegos Hipócrates (siglos V-IV a. C.) y Galeno (siglos II-III d. C.) se refirieron a una enfermedad que pudo haber sido el cólera, la epidemiologia del cólera ha sido registrada a partir de 1503. Uno de los primeros relatos detallados de una epidemia del cólera proviene de Gaspar Correa, historiador portugués y autor de Legendary India, quién describió en la primavera de 1543 un brote en el delta del río Ganges, localizado en el sur de Asia y Bangladesh, zonas muy visitadas por los europeos de la época. La población local llamó a la enfermedad “moryxy” y, según  los informes, mataba a las víctimas dentro de las ocho horas posteriores al desarrollo de síntomas como vómito, acompañado de una sequía de agua como si el estómago estuviera reseco (diarrea líquida), y calambres en los tendones de las articulaciones. La tasa de mortalidad fue tan alta que los lugareños enfrentaron muchas dificultades para poder enterrar a todos los muertos.

Posteriormente, en el siglo XIX, cuando ya se habían desarrollado las marinas mercantes y las vías de comunicación pero la higiene seguía siendo deplorable, se presentaron seis pandemias. Tuvieron su origen en el subcontinente hindú (India y Pakistán Oriental) particularmente en la región de Bengala, hoy Bangladesh. Hasta la fecha se tiene registro de un total de ocho pandemias de cólera en el mundo. Se sabe que la tercera de ellas, que se inició en  1852, llegó a Costa Rica desde Rivas, Nicaragua, en 1856. También la séptima tocó Costa Rica en 1991, procedente de Centroamérica.

La primera de todas las pandemias de cólera se extendió a partir de 1817 de Bengala hacia Burma, Ceilán y el Este de Asia, llegando después a Egipto y al Mediterráneo. Persistió durante unos seis años  pero no alcanzó las costas de  las Américas. La segunda pandemia se inició en la misma región en 1829 y, en el curso de los cinco años siguientes, abarcó la India, China, Mongolia, Rusia, Afganistán, el Norte de África, así como casi toda Europa, los Estados Unidos, Canadá, Perú, Chile, Cuba, Nicaragua y Guatemala. El mal recrudeció en Bengala en 1845, extendiéndose por toda Asia y regresando a las Américas con mayor virulencia.  En 1849 se produjo ¨la mayor plaga que haya existido en los Estados Unidos¨, pues arrasó todos los estados desde su entrada por el puerto de Nueva York. En esa época, a los 25 años de edad, William Walker, se encontraba en  Nueva Orleans y tenía una novia, Ellen Galt Martin, sordomuda, de familia notable, quien probablemente murió en la pandemia del cólera que azotó ese año la ciudad.  La pandemia se extendió por Canadá, México, Panamá, Colombia, Ecuador, Cuba y Jamaica. No hay evidencia histórica de que la segunda pandemia haya afectado a Costa Rica. Se han mencionado dos rutas de entrada del cólera a México,  de donde pasa a  Centroamérica. Se afirma que las primeras víctimas procedían de una colonia anglosajona en la desembocadura del río Brazos, en la costa de Texas, que en ese entonces formaba parte del estado de Coahuila, México. Otros autores consideran que el cólera entró a Mérida procedente de La Habana, donde se detectó en 1833. De Mérida se habría extendido a las principales poblaciones por medio de las patrullas del ejército mexicano. Ciudades como Tampico, Veracruz y Puebla perdieron hasta el 10 por ciento de su población. y para enero de 1833 el contagio había alcanzado ya Chiapas y Guatemala. La tercera pandemia tuvo un origen geográfico similar: empezando en 1852 se extendió  a varios países europeos y a Rusia, llegando luego a los Estados Unidos, Canadá, México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Brasil y las Indias Occidentales.

En esa época no se conocía aún la vía de contagio del cólera. Los clínicos más eruditos de ese entonces apoyaban la teoría de las miasmas, la cual suponía que el cólera se contraía al respirar aire contaminado. Nubes que contenían enfermedades y el viento transmitían de un lugar a otro vapores tóxicos emitidos por materia en descomposición, según dicha teoría. El cólera hizo estragos en Inglaterra y otros países europeos a partir de 1854. En Londres, el doctor John Snow comenzó a sospechar el verdadero origen del contagio. En ese momento existían dos teorías. Por un lado los ¨contagionistas¨, quienes sostenían que el cólera se adquiría por contagio con los enfermos y sus pertenencias. Ellos proponían medidas sanitarias drásticas como cuarentena de buques, encierro de los enfermos y quema de sus pertenencias. Por otro lado figuraban los seguidores de la citada teoría  ¨miasmática¨. Sospechando que se trataba de un agente infectante, Snow hizo observaciones basándose en el registro de defunciones. Los distritos del sur de Londres presentaban el mayor número de casos en comparación con el resto de la ciudad. Sus habitantes obtenían el agua para beber río abajo del Támesis, donde las aguas estaban altamente contaminadas, a diferencia de los habitantes que obtenían el agua río arriba o de su tributarios menos contaminados. Snow observó que un sector de la ciudad que extraía el agua en Broad Street tenía la mayor incidencia de contagio y muerte, así que hizo un mapeo de la zona. Finalmente estudió la bomba hidráulica y determinó que, a escasa profundidad, una tubería de alcantarillado pasaba a poca distancia de la fuente de agua de la bomba, existiendo filtraciones entre ambos conductos de agua. Snow publicó su hipótesis en un artículo titulado ¨On the Mode of Communication of Cholera¨ (1849). Sin embargo, su trabajo no fue aceptado entre sus colegas, ya que prevalecían otras teorías sobre la causa de la enfermedad, sobre todo la del “miasmatismo”. Además, las compañías abastecedoras de agua no tardaron en criticarlo. Snow determinó también que en la misma zona existía una cervecería y los trabajadores no enfermaban de cólera ya que ingerían cerveza en vez del agua del pozo. Igual acontecía con los huéspedes de una hospedería cercana a la bomba de agua, que no la bebían por contar con un arroyo propio para el suministro de agua. Quizás el peor año del cólera fue 1854: solo en Gran Bretaña murieron 23 000 personas.

El crédito por el descubrimiento de la bacteria del cólera generalmente se atribuye a Robert Koch, médico bacteriólogo alemán que enunció por primera vez los principios de la teoría moderna de los gérmenes. Durante la quinta pandemia (1883), con un grupo de científicos viajó primero a Egipto y luego a Calcuta para estudiar los brotes de cólera. Koch empleó una nueva técnica para inocular placas de vidrio esterilizadas recubiertas de gelatina con materia fecal de pacientes. La materia fecal creció en las placas y así pudo ver y describir la bacteria. Posteriormente logró demostrar su presencia en el intestino de una persona  con la enfermedad. Durante su estancia en Calcuta también hizo valiosas observaciones sobre el papel que juega el agua en la transmisión de la bacteria. En realidad, los hallazgos de Koch no eran originales; más bien fueron redescubrimientos de trabajos anteriores, como el que había realizado 30 años antes el médico anatomista italiano Filippo Pacini. En 1854, Pacini había aislado y descrito ampliamente el bacilo Vibro cholerae (bacilo del cólera) un hecho del que supuestamente Koch no estaba al tanto a pesar de que Pacini ya había  publicado su hallazgo. (Pacini, Filippo (1865). Sulla causa specifica del colera asiatico, il suo processo patologico e la indicazione curativa che ne resulta.) Sobre la causa específica del cólera asiático, su proceso patológico y la indicación curativa resultante.

El principal modo de transmisión del cólera, el agua contaminada, también había sido descrito anteriormente por el anestesiólogo británico John Snow en 1849. El cólera es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Vibrio cholerae, que vive típicamente en aguas algo saladas y cálidas, como estuarios y aguas a lo largo de las zonas costeras. Las personas la contraen después de beber líquidos o comer alimentos contaminados con la bacteria, como mariscos crudos o poco cocidos.    Hay cientos de cepas o ¨serogrupos¨ de la bacteria del cólera: los serogrupos 01 y 0139 de V. cholerae son las únicas dos cepas  que causan brotes y epidemias.    Estas cepas producen la toxina del cólera que hace que las células que recubren los intestinos liberen mayores cantidades de agua, lo que provoca diarrea y una rápida pérdida de líquidos y electrolitos (sales). Un solo episodio de diarrea puede causar un aumento de un millón de veces en el número de bacterias en el medio ambiente, según el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, de los Estados Unidos.

En Guatemala era jefe de Estado Mariano Gálvez (agosto 1831 / 1832), un liberal que gobernó en la época en que su país fue atacado por el cólera. Sus opositores conservadores, principalmente el clero regular y la aristocracia, lo acusaron de introducir la enfermedad envenenando los ríos para sofocar una rebelión en las tierras altas del distrito de Mita, donde el clero ejercía gran influencia y se oponía a su política liberal.  Se recomendaba en esa época el uso de aguardiente puro con hojas de naranjo para contrarrestar la enfermedad. La epidemia del cólera azotó a Guatemala, dejando más de 1000 muertos y 4000 afectados, lo que creó un descontento popular y fue una de las causas del derrocamiento de Gálvez, lo que al final acabó con la Federación.  Algunos lo señalan como el responsable de haber firmado un contrato en el que se permitía la entrada de ¨herejes¨ ingleses al territorio de Belice.

En 1836 vivía en Costa Rica el doctor Nazario Toledo, guatemalteco con experiencia en las medidas para prevenir el cólera. Tenía una licenciatura en Medicina de la Universidad de San Carlos y estaba casado en Costa Rica con doña Rosa Mattey Goyenaga, ecuatoriana. Toledo había estado en Chiapas en 1828 asistiendo a los pueblos de Soconusco entonces azotados por el cólera. Esto constituía un excelente antecedente para que Manuel Aguilar Chacón, jefe de Estado  de Costa Rica, le nombrara en 1837 en la Junta General de Sanidad, el cuerpo más importante en la elaboración de la estrategia contra el cólera.  El gobierno acordó la publicación de un opúsculo para hacer frente a esta situación, preparado por dicho galeno,intitulado Método curativo del cholera asiático, extendido por el C. Licenciado Toledo, por orden del supremo gobierno para los pueblos de Costa Rica. El método contenía conceptos con sentido crítico para paliar y hacer frente a la enfermedad. Era un trabajo de gran valor porque contenía tanto un sentido crítico de la enfermedad como los conceptos de la época sobre su causa y prevención. Recomendaciones similares se habían impartido a lo largo de la costa del Atlántico Norte, México y ahora Centroamérica. No tuvo oportunidad el Dr. Toledo de poner en práctica estas medidas para curar el cólera, ya que no aparecería en nuestro país hasta 19 años después. Tuvo el Dr. Toledo una destacada participación en la vida política y en el desarrollo de la medicina durante la campaña de 1856 y años posteriores. Aunque su actuación no se desarrolló en el frente, sí fue de gran valor como enviado especial para lograr el apoyo de los gobiernos de Guatemala y El Salvador, luego de que el ejército de Costa Rica enfrentara por su cuenta las primeras batallas. Fue así como en mayo y junio de 1856 salieron columnas de los  ejércitos de esos países hacia Nicaragua. Posteriormente,  el gobierno de Costa Rica envió a Toledo al Perú en calidad de ministro plenipotenciario y logró del noble gobierno peruano que, en las circunstancias difíciles que Centro América atravesaba, hiciera a Costa Rica un empréstito de $150.000, deuda que fue agradecida y pagada por nuestro país. Toledo tuvo también una labor destacada junto con el Dr. Carl Hoffman en el desarrollo del Hospital San Juan de Dios, que recibió su primera prueba de fuego durante la Campaña Nacional. Atendió entre junio de 1856 y julio 1857 a 661 pacientes, la mayoría con enfermedad del cólera,  heridos de guerra, algunos con  fracturas múltiples resultado de  los combates cuerpo a cuerpo. Los archivos indican que además de los pacientes costarricenses, se encontraba un buen número de norteamericanos y de otras nacionalidades. En 1857 se crea por decreto presidencial el Protomedicato de Costa Rica, órgano rector de la profesión médica, siendo nombrado como presidente el doctor Nazario Toledo. En 1858 había en nuestro territorio 24 médicos y 8 boticas. Nazario murió en Guatemala en 1887. Como amigo personal del presidente Juan Rafael Mora y colaborador de su gobierno, después de su derrocamiento en 1859, el doctor Toledo optó junto a su familia por el alejamiento voluntario.

El General hondureño Florencio Xatruch,  de regreso a casa al  terminar la campaña contra los filibusteros, se encontró en el sur del país con el obispo de Honduras Hipólito Casiano Flores y su secretario, que se hallaban en gira pastoral. Las triunfantes tropas hondureñas regresaban de Nicaragua trayendo consigo el flagelo del cólera de aquella nación, seriamente afectada.  De acuerdo con el  Dr. Holland, médico del Cuerpo de Ingenieros que construía el ferrocarril interoceánico del país, es probable que los prelados se infectaran durante ese encuentro y, para el 29 de setiembre de 1857, ya había  fallecido el obispo. Este hecho fue aprovechado por los adversarios del presidente y general don José Santos Guardiola, para atribuirle un crimen político, dados los  enfrentamientos previos con  el jefe religioso. Su sucesor, el vicario Miguel del Cid, se levantaría en contra del gobierno del presidente Santos Guardiola, en un episodio conocido como “ La Guerra de los Padres”. Santos Guardiola fue el primer presidente de Honduras en no concluir su periodo presidencial ya que murió asesinado en funciones, el 11 de enero de 1862.

El contagio fue acarreado de Nicaragua a Costa Rica por los soldados que regresaban de la guerra contra los filibusteros. El 11 de abril de 1856 Costa Rica se apoderó de la plaza de Rivas. Aparentemente se ganó la batalla. En realidad fue una victoria con un alto costo de muertos y heridos graves, seguido por el contagio por beber agua de los pozos contaminados, ya que la gente defecaba en los solares cerca de las fuentes de agua. Existen relatos según los cuales el cólera ya se encontraba en Nicaragua. Se menciona que solo en Granada el número de defunciones pudo haber sido de 4000 a setiembre de 1855. La enfermedad continuaba atacando cerca de Managua y Masaya y se extendió a todo el país aunque  con una velocidad menor,  como lo haría en Costa Rica. En su retirada, Walker echó gran cantidad de cadáveres en los pozos de Rivas y se marchó a Granada a esperar los acontecimientos. Luego calumnia a los costarricenses acusándolos de ser ellos quienes envenenaron los pozos. Walker, quien había estudiado medicina y derecho, tenía la reputación de ser terco y valiente pero dejó tras de sí  una larga cadena de derrotas en su misión filibustera de ¨civilizar¨ a Sonora y, no vive más que para otra cosa, ¨apoderarse¨  de  Nicaragua.

El propio Walker refiere en Granada que un enemigo más cruel y maligno que los costarricenses comenzó a hacer estragos en sus debilitadas y maltrechas tropas. La fiebre que anteriormente se había llevado a muchos, apareció aún más violenta. Resultado similar se vio a los pocos días en Rivas. El agua putrefacta de los pozos llenos de cadáveres desarrolló un epidemia del cólera que golpeó duramente al ejército costarricense, por lo que debió retirarse del frente a las pocas semanas. La población nacional estimada en 1856 era de aproximadamente  110.000.  El 21% , 23.600 varones entre 18 y 50 años de edad, elegibles para el combate. La tropa que marchó a Nicaragua tenía 3000 hombres aproximadamente. En la batalla de Santa Rosa, se reportan 21 decesos de costarricenses, y 26 invasores norteamericanos. En la Batalla de Rivas mueren 161 nacionales (Calvo, 1856-1857). Las tres primeras defunciones por cólera ocurrieron el 16 de abril. Seguidamente se reportan 500 defunciones por el cólera, eliminando en pocas semanas 663 efectivos. 22% de la tropa. Por lo menos la mitad de los  soldados debió de presentar algún grado de enfermedad, incluidos altos oficiales y cuerpo médico. Las muertes por cólera en la población del país se calcula en 9615, a lo que se sumaría un 25% de subregistros en las parroquias. Se calcula que el 40% de la población general, unas 27 000 personas, sufrieron algún grado de sintomatología.

El cólera afectó todas las edades, sexos y estratos sociales, en ciertos casos familias enteras. Los niños de seno materno se salvaron debido a la inmunidad que confiere la leche materna y la protección implícita en esta alimentación al limitar el consumo de agua y alimentos que podrían estar contaminados con vibriones. La lactancia materna prolongada era práctica común en esa época. Hoffmann recomendaba el uso de aguardiente para entrar en calor, práctica sabida en otras regiones. De hecho,  muchos de los enterradores no presentaron sintomatología por la enfermedad, ya que por lo pesado de su trabajo usualmente había consumo de ¨guaro¨: el  vibrión colérico es altamente sensible al alcohol.

Las medidas preventivas adoptadas por los médicos y el gobierno de Mora fueron  ineficaces. Falleció el 10% de la población, unos 10.000 habitantes, en tan solo tres meses, lo cual representa un promedio simple diario de 111 muertes.  Para el mes de agosto de 1856 la epidemia del cólera había cesado en todo el país pudiendo el Gobierno reiniciar la Campaña Nacional.  Buena parte de las tropas sufría de diarrea o acarreaba el germen de regreso a sus hogares y pueblos. Algunos convalecieron otros solamente llegaron a  morir, contaminando los solares de sus casas. Esto a pesar de las medidas impartidas por el gobierno publicadas en 1856, las cuales tenían menos restricciones sanitarias que los Decretos de 1837 a sabiendas de que el cólera ya tenía un año de estar azotando a Nicaragua.

Especial atención merecen los destacados médicos costarricenses, y extranjeros  que prestaron sus servicios durante la Campaña de 1856 y el brote de la epidemia del cólera. Algunos de ellos hicieron sus estudios de medicina en la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala, fundada en 1681. La enseñanza de la Medicina en Nicaragua se inicia en 1798. A los médicos centroamericanos se les exige título y certificado de estudios, pero no a los graduados de Europa y Estados Unidos. El Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica, en conmemoración del 150 Aniversario de su fundación en 2007, hizo un reconocimiento de honor y mérito a los médicos y cirujanos que asistieron a los héroes de guerra durante la Campaña Nacional de 1856 contra las tropas filibusteras.

 Con orgullo se recuerda al Dr. Carl Hoffman (Cirujano Mayor), quien  se destacó brillantemente en Rivas en múltiples funciones. Cumplió abnegadamente atendiendo a los numerosos heridos y a las primeras víctimas del cólera. Tenía fama de buen tirador. Se evoca también el trabajo del licenciado Andrés Sáenz Llorente, socorriendo a los heridos caídos quien cita al Sr. Carlos Moya como de gran ayuda en Rivas el 11 de abril junto con el  Dr. Bastos, nicaragüense. Podemos citar también al Lic. Cruz Alvarado, quien atendió a los heridos en la Batalla de Santa Rosa; al Dr. Santiago Hogan, quien estudió en el Phyladelphya College of Medicine, destacado en Liberia en el hospital de campaña, estadounidense, casado con D. Catalina Guardia Bonilla; al Dr. Fermín Meza, farmacéutico y médico guatemalteco graduado en París, residente en Costa Rica, quién se distinguió en Rivas. La mayoría de ellos  se incorporó a la lucha contra el flagelo del cólera en el territorio nacional. El Lic. Andrés Sáenz Llorente recordaba años después: ¨Si un hospital de guerra es siempre una cosa terrible, en aquella época , en que aún no se conocían entre nosotros los anestésicos, era un espectáculo del que no se puede tener idea cabal sin haberlo visto.¨¡Cuánta miseria y cuánto sufrimiento!¨

En ese contexto, la ausencia  del Dr.  José María Montealegre en la campaña de 1856 es notoria, llena de interrogantes, especialmente para un cirujano graduado de Edimburgo, la mejor universidad de la época, mientras que casi todos los médicos que residían en el país, provenientes de grandes y pequeñas universidades, se esforzaron al máximo.

Epílogo. Dos de los personajes más notables de este encuentro entre la Campaña de 1856 y la enfermedad del cólera fueron ejecutados el mismo año. El 12 de setiembre de 1860 muere fusilado William Walker Norvell, en el Puerto de Trujillo, Honduras. El 30 de setiembre de 1860 muere fusilado Juan Rafael Mora Porras, en el Puerto de Puntarenas, Costa Rica.